domingo, 18 de diciembre de 2011

Tengo ganas de ti.

-Gin...
-¿Sí?
-No me dejes...
Y no sé por qué, pero lo digo. Y casi me arrepiento. Y ella se queda un momento en silencio. Después se separa de mí y me mira curiosa. Luego lo dice despacio, casi susurrándolo:
-Tiraste al río la llave del candado.
Después, cariñosa, coge mi cabeza entre sus manos y me mira. No es una pregunta. No es una repuesta. Después me da un beso y otro, y otro mas. Y no dice nada mas. Solo me sigue besando. Y yo sonrío. Y acepto encantado esa respuesta.













Cuando pierdes el tiempo al teléfono, cuando los minutos pasan sin que te des cuenta, cuando las palabras no tienen sentido, cuando piensas que si alguien te escuchara creería que estás loco, cuando ninguno de los dos tiene ganas de colgar, cuando después de que ella ha colgado compruebas que lo haya hecho de verdad, entonces estás perdido. O mejor dicho, estás enamorado, lo que, en realidad, es un poco lo mismo...


[...] Hay cosas que tiene que suceder, ¿y sabes por qué?
Porque si hubiera ocurrido más adelante, entonces ya no habría sido posible arreglarlo. 
De eso, lamentablemente, estoy segura.













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